De: El Jefe (número 6)
Para: Angélica
“Estimada Angélica: Lamento informarle que en el día de hoy, he presentado mi renuncia al cargo de VRAF. Espero conversar con Ud. en el futuro próximo. Gracias por toda su colaboración y apoyo, los que fueron esenciales para la labor que emprendí y desarrollé en los 14 meses de mi gestión”.De: Angélica
Para: El Jefe (número 6)
Don Daniel, no sabe cuanto siento y lamento esta decisión que ha tomado. Me ha causado mucha tristeza lo que me ha contado. Me he enterado por su correo, y ahora es una noticia a viva voz. Siento realmente que se vaya, puesto que le tengo un gran aprecio. Para mí fue uno de los grandes jefes que tuve, porque siempre lo sentí un ser muy humano y muy considerado (salvo cuando me retó por teléfono porque metí la pata y compré un timbre sin consultarle), pero me había equivocado y merecía su reprimenda. Me gusta la afabilidad con que siempre me trató (y sé que no sólo a mí) y se lo agradezco mucho. Espero le vaya bien donde sea que vaya, y que si en algún momento necesita de una secretaria, ojalá se acuerde de mí.
Le quedé debiendo algún dulcecito preparado con endulzante. Capaz que algún día vuelva a negociar con la repostería.
Espero que ahora, que ya no somos jefe y subalterno, igual podamos continuar una grata amistad virtual.
........................................
Mi jefe directo (aunque indirecto porque no lo veía todos los días), se fue. Renunció. Y nuevamente me he quedado sin gobierno.
Hace tiempo escribí un post, donde hablaba de todos los jefes que han desfilado por mi oficina desde que se fue el Gran Jefe.
A la gente le da miedo cuando alguien se va, porque temen a lo desconocido. Cuando se escucha un posible nombre ellos dicen: “
Oh! Ése es negrero, ése es negociante, ése le saca el jugo a las personas”. Muchas veces he escuchado comentarios similares de los jefes. Pero siempre he creído que uno mismo se gana al jefe con su trabajo, su esfuerzo, su honestidad, su lealtad y su franqueza. Yo no le temo al que llegue porque sé que me lo ganaré como me los he ganado a todos. Salvo claro, que existan malas personas que le envenenen la cabeza al jefe antes de que se dé el tiempo de conocerme. Cosa que puede suceder considerando que estamos en una jungla llena de animales feroces, que buscan sólo su beneficio propio o salvarse ellos solos. Ahora dicen las malas lenguas “
van a echar a todos los favoritos”. Y yo era una “
favorita” a los ojos de ellos. Porque yo, llego a las nueve y media (cuando no a las diez) y me voy a las cinco y media. Y ellos creen que soy favorita del Jefe porque cumplo ese horario. No saben que jamás se lo planteé al jefe y que solita me hice ese turno debido a la injusticia que me parecía trabajar por medio sueldo y cumplir horario de sueldo entero. Y ellos me tildan de favorita porque tenía llegada con el jefe, y él jamás me negó un solo permiso. Y falté la chorrera de días. Podría decir que este año fácilmente he faltado un mes si consideramos los días corridos. Días en que dije que estaba enferma y no fui. Días en que dije que tenía que hacer y no fui. Y días en que pedí trabajar desde mi casa y no fui. Ellos... los mal hablados, pensarán hasta que talvez me agarro a besos con el jefe y que por eso logro lo que quiero. Y no saben que lo único que he hecho, ha sido trabajar en forma eficiente y eficaz. No saben que cuando el jefe me pidió algo, yo lo hice con presteza y minuciosidad. No saben que el propio jefe, me lo dijo en mi cara y ante el Jefe de él y le habló de mis cualidades como trabajadora. Llegaré tarde y me iré temprano, pero no tengo un pelo en la lengua para decirle a quien sea, que en el poco tiempo que permanezco en mi oficina, puedo producir mucho más que uno que cumple el horario completo. Yo lo sé. El jefe lo sabe y el Jefe de mi jefe también. Tuve suerte de que me encomendaran un trabajo de cuidado, porque así me conoció más gente dentro de la institución (y como ya quedamos tan pocos. Alrededor de sesenta personas, todos sabemos quien es quien).
Se va don Daniel y lo extrañaré. Me encantaba. Un día quise escribir un post (cuando me autorizó a faltar el día siguiente a mi cumpleaños) diciendo que “adoro a mi jefe”. No lo escribí. Pero ahora es el momento de decir todo lo bueno que fue. Me encantó siempre su carácter jovial. De esas personas que te escuchan y te dan la confianza para contarle tus cosas. Así yo le conté varias cosas mías. Incluido lo de la repostería. Hasta me iba a mandar a hacer algún pastelito, pero nunca cociné con endulzaltes (él es diabético). En Navidad le llevé chocolates de mi cosecha de regalo. Y un día que me vino a visitar de improviso a mi oficina (porque trabajamos a media cuadra de distancia, siempre era yo quien iba a su ofi.), le ofrecí y le serví un cafecito. Cuando me despedía de él con un besito en la mejilla, siempre le tomaba la mano en un gesto de aprecio y cariño. Hasta le conté cuando fui a una entrevista de trabajo, y le dije que estaba buscando mejoras laborales. Él me entendió y me apoyó. Eso hace un buen jefe, apoya y entiende, y lo que es mejor, escucha.
Había muchos que lo odiaban y que ahora están felices porque se va. Pero yo no. Conmigo nunca fue pesado. Salvo esa vez que mencioné en el correo, cuando pasé a llevar su autoridad y mandé a hacer un timbre. Y que él me reprendió por teléfono. Pero me lo merecía. Yo me equivoqué y con vergüenza reconocí mi falta.
Yo me gané su confianza y me la gané sólo por empeño y desempeño mío. Nada fue como piensan las malas lenguas y de paso digo que me importa un comino lo que piensen, mientras mi conciencia esté limpia y tranquila (no vivo del comidillo de los demás). Lo rico de todo esto es que gracias a las comunicaciones, pude despedirme del jefe y decirle todo lo que pensaba y sentía.
Ahora a esperar lo que venga... ojalá no me despidan por patúa con el horario, pero en fin, si lo hacen... ellos se lo pierden jua!
P.S.: El nombre del Jefe fue modificado para resguardar la identidad del afectado.